El futuro de la vida pública y privada en las redes sociales

Autor: Oscar Jaramillo
Un avance de mi artículo en el libro que prepara el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, editado por Corredoira y Cotino y que se publicará en 2013.

¿Cómo queremos sea Internet en el futuro? 
Esa es la pregunta que se hace Shlain al compararla con el cerebro de un niño. Lo que plantea es que la mente de un menor de cinco años puede moldearse al reforzar las conexiones neuronales a través de la repetición de estímulos. La idea central es que lo que se refuerza queda y lo que no, se va.

Shlain utiliza la metáfora para señalar que aún podemos moldear a Internet y que las prácticas sociales, económicas, políticas, jurídicas y éticas que reforcemos serán las que primarán en el destino de los entornos digitales.
Lessig hablaba de algo parecido cuando centraba la discusión en torno a la arquitectura de red (abierta o cerrada) que debía tener la red. Si seguimos con la metáfora que empleamos anteriormente, la forma en se proteja la vida privada en las redes sociales determinará la forma en que tanto, la vida pública como la privada, se defina en el futuro. Es ahí donde radica la importancia de este punto.

Más aún si consideramos que las fronteras de la vida privada se han desdibujado en las redes sociales a tal punto, que prácticamente han dejado de existir.  ¿Queremos una Internet y un mundo en donde la transparencia llegue a tal punto que haga desaparecer los conceptos de intimidad y vida privada, tal como la definieron autores como Desantes o Carlos Soria? Esa es la pregunta que nos debemos hacer.


La desarticulación de la vida privada en Internet


Tal como lo señala Desantes, tanto la intimidad como la vida privada, no tienen límites fijos, debido a que es cada persona las que los fija al decidir qué hace público o qué decide compartir con los demás.
Es justamente en estos dos últimos puntos es donde se produce lo que hemos llamado como la desarticulación de la vida privada. En un mundo analógico, en el que la comunicación es dominada únicamente por los medios de comunicación, hacer algo público se refería a que un hecho fuera de dominio de los medios de comunicación, tales como la prensa, radio o televisión. Mientras que compartir con los demás quedaba dentro de la esfera de lo privado. Consistía en contarle algo a los familiares o amigos más cercanos.

Hoy se comparten las fotos y los videos de la fiesta navideña, las vacaciones o de cualquier evento con nuestros 500 mejores amigos a través de Facebook. Si mantenemos la lógica de que sólo nuestros contactos van a ver la fotografías de nuestro cumpleaños, nos encontramos frente a una especie de inflación de la esfera de lo privado. Lo que antes era público (que todos nuestros conocidos supieran algo), ahora pasa a ser “privado”.

Coloco entre comillas la palabra, porque es ahí donde se produce lo que hemos llamado como la primera desarticulación de lo público y lo privado.

Desantes definía lo público, privado e íntimo como una serie de círculos concéntricos que van desde el núcleo de la personalidad hacia el exterior. Es decir, desde lo íntimo, hasta lo público.

“La vida privada constituye una esfera reducida y delimitable, a diferencia de la vida pública, constituida por todo lo que queda fuera de aquella”, afirmaba Desantes. En un nuevo entorno, en donde las relaciones sociales están vehiculizadas a través de redes sociales como Facebook o Whatsapp, la vida privada pierde sus fronteras tradicionales, propias de un mundo analógico.

La red social pasa a convertirse en una nueva esfera, que se diferencia de lo privado y lo público. Es una etapa intermedia entre ambas esferas, que va más allá de lo privado porque implica que todos los contactos (su círculo social) se entere de que hace, pero sin que pase al ámbito del dominio público. Entendemos como dominio público cuando una información relativa a una persona es conocida por lo que los estudiosos de la comunicación definen como opinión pública. Y para que algo llegue a manos de la opinión pública, se requiere de la participación de los medios de comunicación tradicionales, ya sea la radio, prensa o televisión.

Los fenómenos clásicos de las redes sociales como el cantante adolescente, Justin Beaver, o la canción Gangnam Style, sólo adquirieron su fama planetaria una vez que los medios de comunicación tradicionales advirtieron y difundieron el éxito logrado en Youtube, la principal red social para compartir videos.

Es por eso que no podemos comparar el impacto que tiene cuando una información de carácter personal cae en la esfera de las redes sociales, con el poder que aún detentan los medios de comunicación tradicionales.

Al momento de centrarnos en cuáles son las características de esta nueva esfera, debemos volver a la metáfora elaborada por Shlain. La pregunta debiera ser cuáles son las características que deseamos que tenga la esfera de la red social, debido a que es un tema en plena conformación, tal como queda claro al analizar las ideas y venidas que  han tenido los cambios propuestos a las políticas de privacidad de Facebook.

Entre octubre de 2012 y enero de 2013, Facebook ha anunciado cambios a su Política de Gobernabilidad y de privacidad que ponen en peligro la vida privada de las personas y que, por otra parte, la protegen.

En noviembre de 2012 Facebook envió un correo electrónico a sus usuarios en el que explica de manera  somera los cambios que introduciría, entre los que se incluye el compartir la información personal de las personas con empresas asociadas y la integración de la base de datos con sus subsidiarias (entre las que destaca Instagram). Además se elimina el filtro que impide que cualquier persona o empresa envíe un mensaje privado a un usuario que no conoce. También se eliminaría el sistema de votación para los cambios a la política de gobernabilidad.

En forma paralela a dichos anuncios se crearon herramientas para que los usuarios, puedan de manera sencilla, acceder a los datos personales que Facebook tiene almacenado en sus servidores y para solicitar que se borren fotografías y videos desde el servidor central.

Esto último nos lleva necesariamente a la figura confeccionada por Shlain. El derecho a la vida privada en los medios digitales debe incluir el acceso oportuno y sencillo a la información personal almacenada en los servidores. Asimismo de contar con un mecanismo efectivo para ejercer el derecho al olvido.
Cabe recordar, que redes sociales como Facebook poseen tecnología de reconocimiento visual basados en parámetros antropomórficos, que permiten etiquetar (taggear) de manera automática a un usuario cuando otra persona sube una fotografía a la red social. Es por eso que la mayor parte de los conflictos suceden cuando terceros suben información, fotografías o videos comprometedores.

Esto nos lleva a otro punto. Para que el derecho al olvido pueda ser llevado a cabo en una red social, se necesita de una nueva garantía: la protección contra la indexación. Es inútil que una persona ejerza el derecho al olvido y solicite que una fotografía sea borrada desde una red social, si su perfil ha sido indexado por buscadores como Google o Bing.

Al quedar dentro de las bases de datos de un buscador, todos los contenidos del perfil pasan a ser de dominio público de cualquier usuario de Internet, independientemente de todas las restricciones que pueda colocar dentro de la configuración de privacidad, dentro de la red social.

Esto nos lleva de manera directa a los cambios propuestos por Facebook a su Directiva de Gobernabilidad: el fin del sistema de votación. Al utilizar el sistema de gestión de corte opt- out, todos los perfiles de esta red social pueden ser indexados por los buscadores, a menos que el usuario declare lo contrario.

En términos sencillos, opt- out significa que el usuario al ingresar a una red social y colocar acepto a las condiciones de uso, por defecto autoriza a todo lo que se le proponga allí. Y si no está de acuerdo, debe  sacar el ticket que autoriza que se compartan sus datos o sean indexados por un buscador. Es decir, por defecto el usuario acepta todo.

Como la mayor parte de la gente no se da el tiempo de leer los larguísimos textos de las condiciones de uso y se limitan a colocar acepto, terminan por dejar todo su información personal dentro de esta nueva esfera de la vida privada, que hemos llamado red social.

Por lo tanto, si queremos crear las redes neuronales de lo que debiera ser la protección de la vida privada en los medios digitales, surge la necesidad de que se utilice el sistema contrario (opt - in). Todo debe venir desactivado, para que de esa manera sea el usuario quien autorice de manera oportuna y real el uso dado a su información personal.

Eso implicaría que partiríamos de un “seteo” (set-up) protector de la vida privada y que si el usuario así lo desea, podría transitar hacia espacios más abiertos.

De seguir las lógica actual, mediante la cual las distintas redes sociales están proponiendo cambios a imagen y semejanza de Facebook, se perpetuará en Internet la desarticulación de la vida privada, lo que puede tener graves consecuencias a futuro.

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